En las últimas semanas, varias personas me han preguntado por privado dónde pueden revisar si sus libros terminaron dentro de las bases de datos que las empresas de IA usaron para entrenar sus modelos. Lo pregunta gente que publica en Amazon, gente que publica con editorial, gente que ni siquiera sabía que esto era posible. Así que voy a responder aquí, de una vez, con todos los datos que tengo; y también te daré los lugares donde puedes verificar si un libro tuyo fue utilizado para alimentar/entrenar una IA.
Y de paso les cuento mi propia experiencia, porque revisé mis libros y cinco de ellos aparecen en la lista.
¿Qué fue exactamente lo que pasó con LibGen?
The Atlantic publicó una herramienta de búsqueda que te permite escribir tu nombre y ver si alguna de tus obras está en LibGen (Library Genesis), un repositorio pirata que empresas de IA copiaron para entrenar sus sistemas. Puedes usarla aquí: buscador de LibGen de The Atlantic.
Esta herramienta la construyó el periodista Alex Reisner, el mismo que un año antes había hecho pública una herramienta similar para Books3, otro conjunto de datos de entrenamiento. La diferencia es de escala: la lista de LibGen incluye más de 7,5 millones de libros que Meta y otras empresas de IA copiaron, al menos parcialmente, para entrenar sus modelos. Books3 tenía alrededor de 191.000 títulos. LibGen es otra liga completamente distinta.
No se sabe con certeza si Meta descargó y usó absolutamente todos los libros de esa base. Lo que sí está documentado en expedientes judiciales es que la empresa tuvo acceso a la base completa y que la decisión de usar LibGen vino desde arriba: los abogados de los demandantes en el caso contra Meta alegan que el propio Mark Zuckerberg autorizó a su equipo de IA a usar ese conjunto de libros y artículos pirateados.
LibGen no es un sitio gris ni una zona ambigua. Es un sitio pirata, operado fuera de la jurisdicción de Estados Unidos, que existe específicamente para distribuir copias no autorizadas de libros protegidos por derechos de autor. Eso no es una opinión mía, es lo que dicen los propios tribunales que han fallado contra el sitio en distintos países.
¿Cómo comprobé mis propios libros?
Entré al buscador de LibGen del enlace de arriba, puse mi nombre de autora y esperé el resultado con ese nudo particular en el estómago que uno siente cuando sabe que la respuesta probablemente no le va a gustar. Cinco de mis libros aparecen ahí. Cinco obras que escribí, edité, publiqué, promocioné yo sola durante años, copiadas y metidas en un archivo que después alimentó modelos de lenguaje sin que nadie me preguntara ni me avisara.
Si tú también publicas, te recomiendo que hagas la misma prueba con tu nombre de autor y, si usas pseudónimo como yo, que la hagas también con tu nombre legal si publicaste alguna vez bajo él. Más abajo te dejo los otros cuatro lugares donde puedes buscar, porque cada base de datos cubre cosas distintas y una sola búsqueda no te da el panorama completo.
Esto no es un caso aislado: la piratería de libros lleva años costándonos dinero
Antes de que existiera ChatGPT, la piratería de libros ya era un problema serio para quienes vivimos de escribir. El Gremio de Autores (Authors Guild, la organización profesional de escritores en Estados Unidos) lleva años colaborando con editoriales y con el gobierno federal para perseguir a los sitios de piratería más grandes, esos que les cuestan a los autores millones de dólares en ventas perdidas cada año.
Entre los resultados de ese trabajo está el cierre de Z-Library y de más de 250 sitios espejo que replicaban su contenido cuando el original caía. También hubo una demanda exitosa contra Kiss Library, y colaboración con editoriales en acciones legales contra el propio LibGen, que terminaron en bloqueos de dominios estadounidenses y multas millonarias.
El problema es que estos sitios son casi imposibles de eliminar de forma permanente. Operan desde Rusia o Ucrania, fuera del alcance de la ley estadounidense, y en cuanto un dominio cae, migran a uno nuevo en cuestión de días. Es un juego del gato y el ratón que las editoriales y las asociaciones de autores llevan perdiendo, con victorias parciales, desde hace más de una década.
Lo que cambió con la llegada de la IA generativa no es la piratería en sí. Es quien empezó a usarla como insumo industrial. Empresas con presupuestos de miles de millones de dólares, que pagan religiosamente por electricidad, por chips, por ingenieros, por licencias de software, decidieron que los libros, «el material que necesitaban para que sus modelos escribieran con fluidez, estilo y narrativa extensa» no merecían el mismo trato. Preferían robarlos.
Las demandas: lo que de verdad está pasando en el 2026 (y no lo que se decía en el 2025)
Aquí quiero ser muy precisa, porque mucha información que circula sobre estas demandas quedó desactualizada apenas unos meses después de publicarse, y no quiero contribuir a la confusión. Esto es lo que se sabe hasta agosto de 2026, caso por caso.
Kadrey contra Meta
Trece autores, entre ellos Richard Kadrey, Sarah Silverman y Christopher Golden, demandaron a Meta por entrenar sus modelos LLaMA con libros descargados de sitios piratas. En junio de 2025, el juez falló a favor de Meta respecto al entrenamiento en sí, pero (esto es clave) la sentencia dejó algo explícito: no se trata de una demanda colectiva certificada para ese reclamo.
El fallo solo aplica a esos trece autores nombrados, no a todos los escritores cuyos libros pudo haber usado Meta.
Es decir: a diferencia de lo que se afirmaba en cobertura anterior, no existe hoy una vía automática por la que quedes incluido en un grupo y recibas compensación sin hacer nada. El caso sigue vivo: los demandantes ampliaron su reclamo para incluir cargos de infracción contributiva y de distribución (por haber subido, y no solo descargado, material de las bibliotecas pirata), y están pidiendo que se certifique una demanda colectiva sobre esos puntos. A mediados de 2026, el litigio sigue en fase de disputas de descubrimiento de pruebas, sin certificación de clase resuelta.
Bartz contra Anthropic
Este caso siguió un camino distinto y terminó primero. Tres autores (Andrea Bartz, Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson) demandaron a Anthropic por descargar millones de libros de LibGen y de otro sitio pirata, Pirate Library Mirror, para entrenar su chatbot Claude. El juez encontró algo particular: entrenar el modelo con esos libros calificaba como uso legítimo (fair use), pero mantener una biblioteca central de copias pirateadas, más allá del entrenamiento puntual, no estaba protegido.
Ese matiz llevó a un acuerdo: Anthropic aceptó pagar 1.500 millones de dólares para resolver el caso, alrededor de 3.000 dólares por cada uno de los aproximadamente 482.000 títulos incluidos en la lista de obras reconocidas. Es, hasta la fecha, la mayor recuperación por derechos de autor en la historia de estos litigios. El acuerdo recibió aprobación final el 20 de julio de 2026.
El dato importante para ti, si escribes en inglés y tu obra pudo estar en esa lista: el plazo para presentar reclamación ya cerró, el 30 de marzo de 2026. Si no reclamaste antes de esa fecha, ese acuerdo específico ya no está disponible para ti. Lo menciono no para generar falsas esperanzas, sino para que entiendas exactamente en qué punto del proceso estamos y no pierdas tiempo buscando un formulario que ya no acepta solicitudes nuevas.
El Gremio de Autores contra OpenAI
El Gremio de Autores figura como demandante en una demanda colectiva contra OpenAI, junto con John Grisham, Jodi Picoult, David Baldacci, George R. R. Martin y otros trece autores, en nombre de todos los escritores estadounidenses cuyas obras se incorporaron a los modelos de OpenAI. Este caso, a diferencia de los dos anteriores, sigue completamente abierto. En octubre de 2025 el juez rechazó la moción de OpenAI para desestimar el argumento central de los demandantes, permitiendo que el litigio avanzara, y a comienzos de 2026 un tribunal ordenó a las partes entrar en mediación formal. No hay acuerdo, no hay certificación de clase, no hay fecha de resolución.
Si escribes en inglés y publicas en Estados Unidos, este es el caso que vale la pena seguir de cerca en los próximos meses, porque todavía puede derivar en un acuerdo tipo Anthropic con ventana de reclamación abierta.
Los 5 lugares donde puedes comprobar si tu libro fue usado para entrenar una IA
Ninguna de estas herramientas es perfecta ni cubre el cien por ciento de lo que las empresas de IA usaron. Cada una refleja un conjunto de datos distinto, capturado en un momento distinto. Por eso te recomiendo revisar más de una.
Buscador de LibGen de The Atlantic. theatlantic.com/technology/archive/2025/03/search-libgen-data-set. La herramienta más grande disponible hasta ahora: más de 7,5 millones de títulos. Escribes tu nombre de autor y te muestra coincidencias. Ojo: la instantánea se tomó en enero de 2025, así que refleja lo que había en LibGen en ese momento, no necesariamente lo que hay hoy.
Buscador de Books3, también de Alex Reisner en The Atlantic. Es la herramienta anterior, más pequeña (alrededor de 191.000 libros), pero cubre un conjunto de datos que se usó de forma independiente y que no se solapa completamente con LibGen. Vale la pena revisar también porque algunas obras aparecen en un listado y no en el otro.
El listado de obras (Works List) del acuerdo Bartz contra Anthropic, disponible en el sitio oficial del acuerdo, anthropiccopyrightsettlement.com. Aunque el plazo de reclamación ya cerró, la herramienta de búsqueda del listado sigue activa y te permite confirmar si tu libro estaba entre los que Anthropic reconoció haber usado. Es información útil para documentar tu caso de cara a futuras acciones, aunque ya no puedas reclamar en este acuerdo puntual.
La plantilla de carta del Authors Guild para notificar a empresas de IA. El Gremio de Autores mantiene un recurso donde puedes generar una carta personalizada informando a una empresa de IA que no autorizaste el uso de tu obra. No es una herramienta de búsqueda, pero es el paso lógico después de confirmar que tu libro está en alguna de las listas anteriores, y está pensada para autores de cualquier país, no solo estadounidenses.
CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos), en cedro.org. Si escribes en español, es el recurso con más seguimiento activo del tema en nuestro idioma. Aclaro algo importante: CEDRO no tiene en su web un buscador por nombre de autor, así que no esperes encontrar ahí una herramienta como la de The Atlantic. Lo que sí tiene es análisis, comunicados y cobertura constante del problema. De hecho, su director general, Jorge Corrales, declaró en una ponencia en el Forum Edita de septiembre de 2025 que la entidad había identificado obras de más de 41.000 autores españoles (de España, no de todo el mundo hispanohablante) y más de mil editoriales dentro de estas bases pirata. Esa cifra no está publicada como informe en cedro.org, sino que quedó registrada en la cobertura de prensa del evento. Aun sin buscador propio, vale la pena seguir a CEDRO si quieres mantenerte al tanto de cómo evoluciona esto en el mundo editorial en español.
Mis libros que fueron tomados por la IA
Mi problema no es solo que me piratearon (eso ya lo sabía)
Llevo publicando desde 2012. Sé perfectamente lo que es encontrar mis libros en sitios pirata, mandar solicitudes de retiro que nadie atiende, ver cómo un título que me tomó meses escribir aparece gratis en un foro con cuatrocientas descargas. Esa parte, aunque me indigna, la conozco. Es piratería de toda la vida.
Lo que no había vivido antes es esto: que tomen ese libro ya pirateado (sin mi autorización, obtenido de forma ilegal) y lo usen además para alimentar un sistema comercial que genera ingresos multimillonarios, sin pagarme un centavo por ninguna de las dos cosas. No es una infracción, son dos, apiladas una sobre la otra. Primero me robaron el libro. Después usaron ese libro robado para construir algo que se vende.
Y hay una tercera capa que me molesta todavía más porque me afecta de forma directa en mi trabajo diario: ahora mi forma de escribir, llámese «mi ritmo de frase, mis tics, mi manera de construir diálogo», es parte de los patrones que esos modelos aprendieron. No tengo forma de demostrar cuánto de «mi voz» terminó dentro de un modelo de lenguaje, y probablemente nadie pueda demostrarlo con precisión matemática. Pero sé que entrené yo sola durante más de una década esa voz, libro tras libro, y que ese entrenamiento se lo llevaron sin pedirlo.
Después está el problema práctico, el que de verdad me afecta el bolsillo: publiqué mi primer libro en 2012, mucho antes de que existiera cualquier modelo de lenguaje generativo capaz de escribir ficción. Y aun así, cuando paso ese texto por un detector de IA, algunos me marcan un porcentaje de «probable IA» que no tiene ningún sentido, porque ese texto es literalmente imposible que lo haya escrito una máquina: no existían las máquinas que lo pudieran haber escrito.
Esto no es una impresión mía. Los propios creadores de estas herramientas de detección reconocen tasas de falsos positivos que varían muchísimo entre un detector y otro, y OpenAI llegó a cerrar su propio clasificador de texto por IA precisamente porque su precisión era demasiado baja para ser confiable. Los detectores miden patrones estadísticos (qué tan predecible es cada palabra, cuánto varía el estilo entre frases) y esos mismos patrones pueden aparecer en textos humanos perfectamente normales, sobre todo si el estilo del autor es limpio, estructurado o poco errático. Es decir: cuanto más cuidas tu prosa, más riesgo corres de que un algoritmo mal calibrado te acuse de no haberla escrito tú.
Así que ahí está la ironía completa: usaron mi trabajo sin permiso para entrenar sistemas que ahora, además, pueden acusar a ese mismo trabajo original de ser una copia de lo que ellos generan.
¿Qué puedes hacer si tu libro aparece en alguna de estas listas?
No tengo una fórmula mágica que te devuelva el control total sobre algo que ya pasó, pero sí hay pasos concretos que tienen sentido:
- Documenta lo que encuentres. Captura de pantalla de los resultados, con fecha, de cada herramienta donde aparezca tu libro. Aunque hoy no exista una vía de reclamación abierta para ti, esa documentación es la que necesitarás si en el futuro se abre un acuerdo nuevo, como pasó con Anthropic.
- Registra tus derechos de autor formalmente, si todavía no lo has hecho, en tu país y, si publicas también en inglés, considera el registro ante la Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos. Varios de los acuerdos y demandas exigen registro previo a la infracción como requisito para reclamar, así que tenerlo en orden te deja mejor posicionado si aparece una oportunidad futura.
- Envía la notificación formal usando la plantilla del Authors Guild si tu libro apareció en LibGen o Books3, aunque sea solo para dejar constancia escrita de que no autorizaste el uso.
- Únete a organizaciones que están dando esta pelea. El Authors Guild en inglés, CEDRO si escribes en español y publicas en España, o el equivalente en tu país si existe. La negociación colectiva es, hasta ahora, lo único que le ha sacado dinero de verdad a una empresa de IA.
- Sigue el caso contra OpenAI. Es el que sigue abierto y el que más probablemente derive en un acuerdo nuevo con ventana de reclamación, similar al de Anthropic.
No sé cuánto de esto se traducirá algún día en un cheque real para autores como nosotros, que no somos John Grisham ni George R. R. Martin y que publicamos la mayoría de nuestro catálogo de forma independiente. Pero sí sé que quedarme callada y no revisar la lista tampoco me devuelve nada. Al menos ahora sé exactamente cuáles de mis libros están involucrados, y tú también puedes saberlo con los cinco recursos de arriba.
Si haces la búsqueda y encuentras algo, cuéntame en los comentarios qué título apareció y qué hiciste al respecto. Me interesa saber cuántas de las personas que leen este blog están en la misma situación que yo.

