Razones para no confundir la literatura paranormal con literatura diabólica

A menudo ocurren confusiones entre la literatura paranormal y literatura diabólica ¿esta última existe?… y aquí vamos a explicar que solo son ideas preconcebidas.

Se ha llegado a decir que las novelas románticas paranormales son literatura diabólica, incurriendo no solo en un error conceptual y gramatical, sino también en un error cultural, porque en cierto sentido no es posible relacionar lo diabólico con lo paranormal.

Sabemos que el único vínculo por el que las personas pueden establecer una correspondencia entre lo paranormal y lo diabólico, es porque los sucesos que ocurren bajo estas etiquetas escapan al entendimiento, es decir, son hechos que por ser tan sorprendentes e impactantes, tienen mucha similitud.

Sin embargo, si realmente nos adentramos en el universo del género romántico paranormal, no encontraremos nada diabólico ni demoníaco.

Muchos de estos libros son más románticos que paranormales, es decir, el elemento sobrenatural se manifiesta en una proporción relativamente baja y todo basado en el amor que siente una pareja.

En el entorno literario y fuera de él sabemos que este tipo de literatura no es bien visto ni por los académicos, ni por los lectores amantes de textos más clásicos de la literatura. Mucho menos por personas ajenas a la lectura, como ciertos sectores religiosos.

Probablemente existen libros que hablan de demonios, diablos, y otros monstruos…

Pero de allí a considerar que hay material suficiente como para calificar a las novelas paranormales de libros demoniacos es absurdo.

De hecho el género paranormal ha desarrollado algunas teorías e investigaciones para probar que ciertos fenómenos inexplicables tienen una connotación racional, y cuentan con mucha popularidad entre lectores de todo el mundo.

Básicamente, la acusación a las novelas románticas paranormales tiene que ver con el hecho de presentar personajes y situaciones completamente alejadas de la realidad, que llegan a ser inquietantes o aterradoras para ciertas culturas o pensamientos muy personales, y esto ha llevado a que se les califique como «literatura del demonio» coloquialmente hablando.

Pero, en general, es solo un prejuicio más que existe alrededor de estos libros, sobre todo en una masa importante de personas religiosas que, por lógica, al creer en Dios, creen también en el demonio.

El miedo a lo desconocido es tan antiguo como la humanidad misma. Durante siglos, todo aquello que no podía explicarse racionalmente fue atribuido a fuerzas sobrenaturales, generalmente malignas. Ese patrón de pensamiento no desapareció con la modernidad: simplemente cambió de forma.

Cuando alguien que no ha leído romance paranormal escucha que un libro tiene vampiros, demonios o criaturas que regresan de la muerte, su primer filtro cultural es el religioso o el del terror cinematográfico. Y en ambos filtros esas criaturas son amenazas, fuentes de miedo, representaciones del mal.

Lo que ese lector no sabe es que en el romance paranormal esas mismas criaturas son los protagonistas con los que el lector se enamora. Son seres complejos, con historia, con heridas, con lealtades y con una capacidad de amar que resulta ser precisamente el centro de la trama. No son el mal que hay que vencer: son el amor que hay que conquistar.

Ese malentendido fundamental es el origen de casi todos los prejuicios que rodean al género.

Mi romance paranormal vs el estándar del género

Así, encontramos que se tiende a confundir los personajes paranormales de estos libros, que generalmente son zombis, vampiros, hombres lobos, demonios, con figuras «malignas»… Lo siento, también hay personajes demonizados que sufren el señalamiento directo del prejuicio sin escrúpulos de ciertos lectores.

Ups, que dramático sonó eso.

No hay que ir muy lejos, hay humanos que hacen atrocidades tan horribles…

Que no les hace falta vivir en el infierno para denominarlos «demonios» y se consume mucho ese tipo de literatura.

Con respecto a los zombis de la literatura actual, estas criaturas primero fueron seres humanos, que luego de morir desarrollaron una nueva forma de vida estando muertos.

Así que no tienen nada que ver con cultos hacia el demonio, Satanás o como se le prefiera llamar.

No estamos diciendo que los zombis son santos. Simplemente hay que aclarar que así como se les diferencia de los vampiros y de otros tipos de criaturas sobrenaturales, no se les puede considerar demoníacos, aunque produzcan miedo y terror.

Son arquetipos. Figuras que la humanidad ha construido a lo largo de siglos para representar miedos, deseos y preguntas que no tienen respuesta sencilla. El vampiro no es el diablo: es la inmortalidad con todo su peso, el deseo sin límites, la soledad de existir demasiado tiempo. El hombre lobo no es una criatura diabólica: es la dualidad entre la bestia y el hombre, el instinto frente a la razón, la fuerza física frente a la ternura emocional.

El romance paranormal toma estos arquetipos y los humaniza. Les da nombre propio, historia personal, vulnerabilidades específicas y la capacidad de amar. Ese proceso de humanización es exactamente lo opuesto a la demonización: es un acto de empatía narrativa que exige del lector la misma empatía para funcionar.

Cuando una lectora termina un libro de romance paranormal enamorada de un vampiro, no es porque haya sido seducida por el mal. Es porque el autor hizo bien su trabajo de construir un personaje que merece ser amado, independientemente de su naturaleza sobrenatural.

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Para ser completamente claros, aquí va la distinción que el prejuicio mezcla constantemente:

Lo diabólico, en su acepción religiosa y cultural, implica una intención de mal, una agencia activa hacia la destrucción y la corrupción del alma. El diablo, en la tradición cristiana y en muchas otras tradiciones religiosas, es una figura con voluntad propia orientada hacia el daño.

Lo paranormal es simplemente aquello que está más allá de los parámetros normales de la experiencia humana. Un fantasma es paranormal. Un sueño premonitorio es paranormal. Un vampiro que se enamora de una humana es paranormal. Nada de eso implica intención diabólica, ni culto, ni pacto con ninguna entidad malévola.

La literatura paranormal, y específicamente el romance paranormal, trabaja en el segundo territorio: el de lo que no puede explicarse dentro de las reglas habituales de la realidad, pero que tampoco tiene por qué ser malévolo. Que algo sea sobrenatural no lo hace automáticamente malo, del mismo modo que algo natural no lo hace automáticamente bueno.

Esta distinción parece obvia cuando se expone así, pero es exactamente la que el prejuicio popular ignora sistemáticamente.

Este punto merece su propia sección porque es donde más confusión existe, incluso entre personas que sí leen el género.

En el romance paranormal, cuando aparece un demonio como personaje, generalmente se trata de una criatura con mitología propia construida por el autor, que puede o no tener relación con las representaciones religiosas tradicionales. En muchos casos los «demonios» del romance paranormal son simplemente seres de otro plano de existencia, guerreros que sirven a poderes distintos a los humanos, o criaturas que en algún punto de su historia recibieron ese nombre por miedo o por ignorancia.

En mis propios libros, específicamente en la Serie Invocación, trabajo con ángeles y demonios como parte de una mitología propia. Mis demonios no son los del Apocalipsis ni los del exorcismo. Son seres con historia, con jerarquías propias, con motivaciones que van mucho más allá del bien y del mal en términos absolutos. Y en medio de todo ese universo, lo que importa siempre es la historia de amor.

Ninguna lectora que haya terminado un libro de la Serie Invocación ha salido de esa lectura queriendo invocar al demonio. Ha salido queriendo el siguiente libro.

Los autores de romance paranormal tampoco hacen pactos con el diablo.

Los autores de romance paranormal no han tenido experiencias reales con seres sobrenaturales, el diablo, o aliens. Bueno, no todos.

Los lectores de romance paranormal no practican rituales después de leer. Practican el hábito de buscar el siguiente libro de la saga lo antes posible.

Las criaturas del romance paranormal no tienen representación religiosa real. Son personajes de ficción con la misma existencia ontológica que Sherlock Holmes o Elizabeth Bennet: ninguna fuera de las páginas donde viven.

Sí, puede. Algunos libros del género incluyen escenas de violencia, sensualidad explícita o tramas que desafían concepciones religiosas sobre la vida, la muerte y el más allá. Eso no los convierte en literatura diabólica: los convierte en literatura para adultos con libertad creativa completa.

Del mismo modo, hay novelas contemporáneas, históricas, de thriller y de casi cualquier otro género que incluyen contenido que puede incomodar a lectores con valores religiosos conservadores. No por eso se les llama literatura diabólica a todas ellas. El romance paranormal no merece un tratamiento diferente.

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Una muestra de estas novelas románticas paranormales es la obra de la escritora venezolana Kassfinol, que le ha dado un toque propio al género, con una particular mirada desde personajes verdaderamente fuera de lo común que viven aventuras increíbles, no por ser maravillosas, sino por lo impactantes de los sucesos que les ocurren.

Kassfinol desarrolló un universo que atrae a muchos lectores porque desde la sencillez de su narración, con pequeños pliegues descriptivos, logra mostrar ese lado oscuro implícito en el ser humano y en lo que es capaz de hacer para lograr sobrevivir y para amar.

Sus series principales de romance paranormal son la Serie Invocación para lectoras adultas, la Saga Hijos de la Noche para lectoras juveniles, la Bilogía Princesas Inmortales y la Saga Un Mundo de Sombras. En ninguna de ellas encontrarás literatura diabólica. Encontrarás amor, sarcasmo, criaturas con problemas propios y personajes femeninos que no se quedan callados.

Con todo esto queremos dejar claro que hay que disfrutar sin prejuicios las historias que se presentan en estos maravillosos libros, ver el amor desde otro punto de vista, permitirse hundirse en realidades increíbles que solo pueden ocurrir en este género literario.

Si alguien te dice que el romance paranormal es literatura diabólica, lo más probable es que no haya leído ni la primera página de uno solo de estos libros. Y la mejor respuesta que puedes darle es prestarle uno.

Que empiece por los relatos gratuitos si no quiere comprometerse. Cuarenta relatos disponibles directamente en este sitio web, sin descargar nada, sin pagar nada. Si después de leer uno sigue pensando que esto es literatura diabólica, al menos lo habrá comprobado por sí mismo.

Escrito en colaboración para le blog por: Martín Peréz

Año: 21 de Ene, 2014


Soy Kassfinol, autora venezolana de romance paranormal y terror publicada en Amazon KDP desde 2012. Este tema me toca directamente porque llevo años escuchando que escribo «literatura del diablo» por incluir ángeles, demonios y vampiros en mis historias. Lo que el artículo explica es exactamente lo que vivo: mis personajes sobrenaturales tienen razones para ser lo que son, no existen para promover ningún culto ni creencia. De hecho, cuando escribí mi Serie Invocación, asistía todos los días a la iglesia como parte de una comunidad de jóvenes. Así que no, no escribo desde el irrespeto a nadie. Si tienes más dudas sobre qué encontrarás en mis libros, en mi página de preguntas frecuentes lo explico con detalle.

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