Libro 1: Serie Invocación – Entre el Infierno y la tierra – Capítulo 16

Capítulo 16 (Angineé)

—¡Sí! —exclamé dando un pequeño salto cuando Lonhard desapareció delante de mí. Por fin me sucedía algo bueno en las últimas condenadas semanas. Soy en estos momentos la mujer más feliz del mundo. Ah, no… No… no. ¡Soy la mujer más feliz de todo el sistema solar! Este carro está estupendo, además está pintado de negro y se ve súper elegante. ¡Ah! Sí, que es hermoso.

Empezó a sonar mi celular.

Mientras lo buscaba en mi cartera, caminé hacia el auto para tomar asiento dentro del mismo. Al tener el móvil en la mano, miré la pantalla y noté que el número era desconocido. De paso, tenía demasiados números.

—Una llamada del extranjero —esperaba que fuera Amelia. Quería saber cómo estaba.

—¿Sí, diga?

—Hola, amiga soy yo… Amelia.

Confirmar que era ella me daba mucha alegría pues la extrañaba demasiado, además, teníamos tantas cosas que conversar.

—Hola, ¿Cómo estás? —aquí de repente recordé que se fue sin despedirse entonces no esperé que me contestara y continúe diciéndole—. No, mejor dicho. ¿Sabes una cosa Amelia? Eres una grandísima desconsiderada. Debiste avisarnos antes de irte. Pero claro, no somos lo suficientemente importantes para que te tomes al menos cinco minutos en enviarnos un mensaje. Entonces te largas y es uno la que se entera días después. Como si fuéramos cualquier persona en tu vida. Creo que tu vecino se enteró primero que nosotras de que te habías largado del país— los reproches fueron unos tras otros, casi ni respiré estaba algo histérica.

—Angi, discúlpame ¿Sí?

—¿Ah, sí? Claro, esperas que te disculpemos así. Tan sencillo. Hazme un favor, mejor dime por qué te fuiste. Espero que tengas una muy buena excusa —mientras decía esto, arranqué el motor del automóvil para irme a casa, sé que es irresponsable manejar hablando por teléfono, pero bueno, ¿a quién atropellaría? ¿Un árbol?, sonreí por mi pensamiento irónico, aunque escuchar el sonido del motor, no… no… perdón ¡de mi motor! Me hizo sonreír de forma espontánea.

—¿Qué sonó así? ¿Eso fue el sonido de un auto?

—¡Sí! —dije alargando la palabra.

—¿Ese auto es tuyo, Angi?

—¡Síííí! —afirmé entre una pequeña risa juguetona.

—¿Te dieron un auto? ¿O te lo compraste? Aunque es más factible que te lo hayan regalado porque tú eres demasiado tacaña con el dinero— dijo Amelia histérica de la emoción. Así actuaba ella cuando tenía ataques de felicidad, aunque también estaba riéndose para ser más específica, se estaba burlando de su anterior comentario odioso.

Escuchar que era una tacaña con el dinero, me molestó y sin darme cuenta le respondí:

—¡No! Me despidieron del trabajo por eso no lo compré, no soy tan tacaña, el automóvil me lo dio un demonio que ahora resulta ser que no lo es —todo salió de mí en tono despectivo.

—¿Ah? ¿Qué? ¡No entendí! Repite de nuevo la parte donde dijiste que el auto te lo regaló un demonio —Amelia habló muy seria. Típico de ella. Esos cambios de humor en ella eran normales. Aunque yo no tenía moral para reprocharle nada porque era igualita.

Al final me arrepentí de lo que dije, total ella aún no sabía en el paquete que estaba metida, no estaba al tanto de toda esta situación romántica que nos deparaba el futuro cercano. Con todo y eso terminé diciéndole:

—Es un cuento largo Ame, luego te lo explico personalmente.

—Sí. Bien. No hay problema, debe ser que me andas jodiendo, así que ni me molestaré en entenderte —me respondió.

—Ame, sin preámbulos ni más rodeos dime… ¡Ah!… Estúpido conejo, chivo o lo que sea que se me atravesó —grité sosteniendo fuertemente el volante, casi se me cayó el celular al piso del auto, a estas alturas lo tenía sujeto con mi hombro, con mi cara de medio lado y mis manos bien apretadas al volante por el susto que acababa de pasar.

—¿Qué pasó Angi? ¿Por qué has gritado así? ¿Te ha ocurrido algo?

—Nada. Casi le llego a un perro, un conejo. ¡Qué sé yo! Estoy manejando por el bosque, no vi bien, lo que sea que se me atravesó.

—¿Qué haces ahí? —el tono muy extraño, supongo que se intentaba imaginar que era lo que en verdad pasaba.

—Nada Ame, luego te explicó. Deja la preguntadera. ¡Ajá! Retomando la conversación dime ¿Por qué te fuiste así a España? y más importante aún, dime: ¿cuándo vuelves a Venezuela?

—Me fui porque me llamaron para un trabajo, fue algo imprevisto; tranquila son sólo unas cuestiones contables de una empresa, en cuanto termine el trabajo que tengo aquí, regreso. Puede que sea un mes o una semana, estamos varias personas arreglando el desastre que tienen en el departamento de contabilidad. Volveré pronto. Me estoy quedando en casa de un familiar. Que por cierto también me dejó sola porque se fue de viaje. En fin, eso es todo —aquí soltó una risita y me la contagió.

—¡Felicitaciones, amiga! Qué bueno que te hayan llamado para un trabajo así. ¡Qué emoción, estás ganando dinero en euros! —me empecé a reír, entre las risas le pregunté —dime ¿Qué harás con tu casa? ¿La dejarás todo ese tiempo sola? ¿O tienes pensado algo?

—Para eso te he llamado, quería que la cuidaras por mí, si quedo fija aquí trabajando, dudo que me regrese a Venezuela, todo está en veremos, en todo caso si eso pasa la casa será tuya, eso sí, sólo quiero que mis cosas personales las guardes, si decido quedarme aquí, te volveré a llamar para que las envíes. La verdad, no sé Angi. Todo es muy incierto. Estudio mis posibilidades.

—Bien Ame. No te preocupes no hay problema. Por cierto, dime algo, cómo duermes. ¿Tienes pesadillas? —le pregunté quería saber si sufría del mismo mal que teníamos Sofía y yo.

—Todo bien Angi, duermo de lo lindo, claro cuando puedo, sabes que la vida aquí es un poco más fuerte, pero todo bien hasta ahorita. ¿Por qué la pregunta?

—Ah, no por nada, igual hablaremos cuando vengas personalmente sobre unas cosas para mantenerte al tanto.

—Está bien. Quedamos así. Debo dejarte, está por llegar mi jefe y me estoy robando la llamada de la oficina —dijo riéndose pícaramente Ame.

—¡Amelia! Robándote una llamada de España a Venezuela de tu trabajo, no parecen cosas tuyas —solté una carcajada.

—Las personas cambian, Angi, un beso, te quiero mucho, dale mis saludos a Sofí. Guarda este número, aquí me conseguirás cuando lo necesites. Ah, por cierto, Angi, estate pendiente con las horas de diferencia, sé que a veces te pasas de despistada —soltó una carcajada. Como siempre burlándose de vez en cuando de mí.

Esta Amelia es loca.

—Bueno, lo tomaré en cuenta, también te quiero, chao.

Al terminar la llamada solté el celular, lo metí dentro de la cartera, enfocándome mejor en el arenoso camino del bosque. Aceleré el automóvil. Se sentía maravillosamente potente, pues a sesenta kilómetros por hora como iba manejando al hablar por teléfono no podía disfrutar de toda su potencia, con la adrenalina a millón empecé a pensar en Lonhard, el pobre estaba muy abatido con todo lo que le dijo Alondra, esa bruja sí que me caía mal, la verdad, es que era muy probable que Lonhard también sintiera lo mismo que yo; debía creer que todo esto era ilógico. Con todo y esto, ahora Lonhard, era un inmortal. Un humano inmortal, eso me gustaba.

Por poco me acuesto con un demonio —pensé y me reí exageradamente, me sentía un poco liberada por la nueva situación.

—¿Cómo da vueltas el mundo? Esto es de locos —dije en voz alta, acelerando aún más, el kilometraje iba en 110 km por hora; mi adrenalina empezó a subir aún más.

Por otro lado, Lonhard tiene una hermana en el mismísimo cielo. ¡Qué increíble! Yo que pensaba que eso del infierno y cielo era algo ilógico que uno sólo quedaba en forma inconsciente al morir y listo. Ahí terminaba tu bella y corta vida. ¡Psicólogos! ¡Religión! ¿Qué creer? Bueno, en fin. Otra cosa buena que me gustó fue que Alondra dejó muy claro que Lonhard en realidad era un ser bueno, me parecía poco creíble porque cuando lo conocí emitía demasiada maldad, si hasta amenazó con matarme. Pero, algo me decía que debía creerle. ¡Dios, debo pensar!

—¡Ay, Dios… ayúdame a entender todo esto! —dije en voz alta sacando la cabeza un poco por la ventana para ver el cielo.

Vi el kilometraje ya iba a 120 km por hora. ¡Era súper manejar en una calle desolada! De repente una mujer alta, no logré verla bien, pero era bien alta, se apareció de la nada frente al automóvil como a unos veinte o treinta metros, qué se yo, de distancia… mi primera reacción fue frenar el auto de una sola vez.

Lo hice sin pensarlo, el automóvil hizo un sonido impresionante y hizo caso a mi acción, frenó con una exactitud impresionante, pero había olvidado que no tenía el cinturón de seguridad, lo siguiente que ocurrió fue demasiado estrepitoso y doloroso porque salí disparada por el vidrio del frente.

El dolor lo sentí en cada parte de mi cuerpo, para mi asombro aún seguía consciente, no entendía el por qué. Ya que debería estar muerta. Intenté levantarme un poco para observar lo que había pasado. Miré lentamente hacia atrás para darme cuenta que el automóvil estaba con todo el vidrio principal destruido. Además, estaba a unos cuantos pasos lejos de mí. Mi rápida decisión de frenar me había enviado bien lejos. De hecho, el automóvil aún seguía encendido. Miré mi ropa para darme cuenta que estaba toda llena de sangre. Claro, casi había perdido la vida por no usar el cinturón de seguridad. A los pocos segundos sentí un terrible dolor de cabeza.

Todo oscureció.

Cuando volví a reaccionar, intenté concentrarme y agarrar fuerzas para poder ponerme de pie, necesitaba buscar mi celular en el auto para pedir ayuda. Pero no pude. Recordé el por qué estaba así. El por qué había tenido el accidente.

¡La mujer! miré hacia los lados lentamente pues el dolor me consumía, pero no estaba por ningún lado. Me enfoqué de nuevo en el auto. Esta vez no escuché el motor encendido. Supongo que se había apagado solo.

Todo de repente, volvió a oscurecerse.

Al abrir de nuevo los ojos, noté que habían pasado varias horas, porque ya empezaba a entrar la noche, miré hacia los lados de forma intuitiva como si alguien pudiera verme y ayudarme en este lugar que sabía que estaba muy solo, intenté sentarme, pero sentía demasiado dolor. Luego de varios intentos. ¡Lo logré! A los segundos sentí un horrible malestar en mi cabeza.

—¡Desgraciada! —me gritó la voz de una mujer. ¡Por Dios, me estaba jalando del cabello! Apenas soporté el dolor… al final no pude y terminé desmayándome de nuevo.

Al despertar, miré aterrada a mi alrededor, porque recordaba a esa mujer que me había maltratado, todo era ilógico ese sueño había sido demasiado real.

¡Qué coño! La mujer de mi pesadilla me estaba pegando unas cachetadas, gritándome que me despertara, observé cómo pude, viendo que ya todo estaba totalmente oscuro. Era de noche, pero aun estábamos en el mismo lugar.

—No te morirás desgraciada. No te morirás —me decía la mujer.

—¿Por qué no te acostaste con Lonhard? —dijo— Además no sé para qué te molestas en llamar tanto a tu Innombrable, pues él no te ayudará, en mi presencia no lo hagas de nuevo o te mato en el acto —me gritó la mujer.

—¿Cómo? ¿Innombrable? —pensé. No puede ser, esta mujer debe ser una demonio, llama a Dios, como Lonhard, además, también lo conoce. ¡No puede ser!

De repente recordé lo que había dicho antes de salir disparada del automóvil: “Ay, Dios, ayúdame a entender todo esto”

¿Cómo sabe ella que llamaba a Dios? Me estaba siguiendo definitivamente. Pero… ¿Por qué? —pensé

—¿Quién eres? —logré decirle, el dolor de mi garganta apenas lo soportaba. Estaba a punto de desmayarme de nuevo.

—Dala. Humana desgraciada, soy Dala. Soy la que te asesinará frente a Lonhard, a eso vine y eso mismo haré. Pero tú con tu moralidad estúpida me echaste todo a perder, yo quería que Lonhard se enamorara de ti, para que así al matarte sufriera muchísimo, pero ni metiéndome en tu cabeza logré que tomaras suficiente iniciativa. ¡Maldita psicóloga estúpida! Para colmo Lonhard se resiste a ti también —me gritó, de repente tomó aire y de forma muy relajada y campante siguió diciéndome—. Lo cual no pasó conmigo, déjame decirte, porque en la primera oportunidad que tuvo me hizo suya.

Sé que me dolía todo el cuerpo, pero escuchar eso provocó que sintiera un gran peso en el corazón. Ese dolor por alguna razón opacó todos los otros dolores que sentía, ya ni siquiera percibía como Dala me arrastraba por todo el suelo por el cabello. No sabía a dónde me llevaba y creo que tampoco debía importarme, prácticamente estaba desahuciada. Tenía entumecido todo el cuerpo, empezando por el corazón.

No puede ser… estoy segura que esta es la mujer de mis sueños. Y ¡Es la pareja de Lonhard! Claro, es de suponer que estaba en el infierno. Imagino que se permite tener todo un harén a cada demonio —pensé por alguna razón mi humor empezaba a empeorar. Sentía el cuerpo caliente y quería gritar.

No pude decir nada. Porque sin más. Se me empezaron a salir las lágrimas, no estaba segura del por qué lloraba, si era por la certeza de que iba a morir, o porque me dolió en el corazón enterarme, que esta demonio que estaba enfrente de mí, era la mujer del único hombre que me había tocado en la vida.

Dala me sacó de mis dolorosos pensamientos, soltándome el cabello, colocándose frente a mí, para decirme:

 —Pero antes de matarte, jugaré contigo, te torturaré. ¡No, mejor no! Mejor capturo también a Lonhard y los torturo uno frente al otro para que ambos tengan compañía, así disfrutarán del dolor de cada uno por igual, sin perderse ningún detalle —las carcajadas eran atemorizantes, pura maldad emitía esta mujer.

De repente dejó de reírse, abriendo sus ojos más de la cuenta, mirando y oliendo el aire; entonces empezó a molestarse. Yo también miré a los lados para ver qué era lo que ella buscaba, pero no logré ver nada. A los minutos susurró:

—Ese maldito ángel —no pudo decir nada más. Sus ojos se expandieron como platos, empezó a escupir sangre, cayendo al suelo, retorciéndose del dolor. Todo eso acompañado con gritos de agonía. Estuvo así por unos minutos.

Intenté alejarme, pero mi cuerpo no reaccionaba, tenía que ver cómo salía de ese lugar, necesitaba tomar mi celular para llamar a emergencias. A los pocos minutos, Dala, pareció dejar de sentir ese dolor que la hacía agonizar.

Se levantó con su cara muy erguida. Empezó a sacudirse la tierra que tenía adherida a su conjunto de cuero negro y volvió a mirar hacia los lados diciendo:

—Maldito engendro, vuelve a aparecer para ayudar a esta estúpida y también te mataré. ¿Escuchas? —Gritó con todas sus fuerzas— ¡También te mataré! —repitió esto último aún más fuerte.

Estaba todo tan silencioso, tan calmado que por unos segundos sólo escuché el eco de lo que gritó la demonio… “te mataré… te mataré… te mataré”.

Por Dios, no escuchaba ni un solo animal, supongo que era por la presencia de esta entidad.

Dala acaba de decir que un Ángel me ayudó. ¿Un Ángel? Supongo que el universo ya se apiadó de mí y decidió ayudarme. Esto era aún más increíble. Entonces sólo debía esperar a ver si volvía aparecer, imagino que él me prestó ayuda cuando estaba desmayada, pero jamás lo vi.

Claro, Angi, ¿Qué vas a estar tú viendo ángeles? —me reproché.

—¿Tú no hablas desgraciada? —me gritó, entonces empezó de nuevo a halarme por el cabello, pero esta vez sí vi que me llevaba hacía el automóvil, no podía mover mis piernas así que literalmente ella me arrastraba sin ningún esfuerzo. Era bastante fuerte.

El dolor me carcomía todo el cuerpo, tenía hasta ganas de vomitar. Que me llevara así, arrastrada, era denigrante. Mi molestia fue creciendo a medida que Dala caminaba. Sin más, me provocó responder sus insultos entonces le grité:

—Más desgraciada eres tú —volví a tomar aire y continué—, para ti soy Angineé. Es más, aparte de ser una grandísima perra, eres una gran zorra —en ese momento empecé a vomitar sangre, al parecer había hecho mucho esfuerzo al hablar, porque el mundo empezó a dar vueltas. Cerré mis ojos para evitar volver a vomitar. Además, lo que había dicho no sonó tan fuerte como en realidad quería que se escuchara, pero igual llamé su atención, ya que, Dala, dejó de caminar. Estaba complacida; Si me moría, antes le diría las cosas claras a esa perra.

Teniéndome aún agarrada por mi largo cabello, se agachó hasta poder verme a los ojos, mostrándome a su vez una sonrisa muy amenazante. Me miró de pies a cabeza con desprecio:

—¡Tienes cojones, niña! Para mí te llamas desgraciada y punto. Así que mejor cierra la boca antes de que te mate aquí mismo.

Diciendo eso, me agarró por el cabello de nuevo levantándome con la misma facilidad que se levanta un pañuelo del suelo y me arrojó contra el automóvil, mi cuerpo rebotó contra él, haciendo que cayera sentada a un lado, intenté sostenerme un poco sobre una de las llantas para evitar que mi cuerpo quedara completamente inerte en el suelo, ya que no podía mover mis piernas. Pero el esfuerzo fue en vano. Mi cabeza terminó cayendo con mucha fuerza sobre el suelo.

Dala no paraba de reírse al verme arrastrarme. Intentaba ponerme de pie, pero era inútil. Cuando Dala se cansó de reírse de mí, se me acercó, agarrándome sin ningún tipo de delicadeza y lanzándome como un saco lleno de arena dentro del auto.

Una vez que ella se montó del lado del conductor, de forma muy sonriente y guiñándome un ojo dijo:

—Angi, quiero que te des por enterada de que tú fuiste la que le hiciste la abolladura al auto con tu cuerpo. No fui yo. ¡Eh! —me dio una palmadita en la mejilla, provocándome para que respondiera.

Pero, algo internamente me decía que no pronunciara palabra, que guardara completo silencio. Así que mientras ella me miraba frunciendo el ceño como si intentara adivinar algo dentro de mí, permanecí en silencio, no pronuncié ni un sólo quejido, es más, ni gesticulé. Decidí dejarme llevar por ese extraño presentimiento que tenía.

—Bueno… perrita hipócrita. Ah, no, perdón, perdón… desgraciada… fue así como decidí que te llamarías. Te contaré un secreto. Ambas le daremos un bonito paseo a este espectacular auto. Prometo que no correré mucho —aquí soltó una carcajada, pero de repente sus ojos se volvieron completamente negros, entonces con una cara de pura maldad terminó diciéndome—, es una lástima que cuando terminemos el paseo, el pobre automóvil estará irreconocible, no ayuda mucho que no sepa muy bien cómo manejar… ¿tú me entiendes?, ¿no? —sus palabras hicieron que un horrible escalofrió recorriera mi cuerpo. Me llené completamente de miedo, mi corazón comenzó a palpitar muy rápido, pero parecí no poder resistirlo, porque a los pocos segundos, sencillamente me desmayé.

Kassfinol

Escritora de novelas románticas paranormales y libros de terror

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