Libro 1: Serie Invocación – Entre el Infierno y la tierra – Capítulo 3

Capítulo 3 (Angineé)

—¡Maldición Sofía! ¿Por qué no me dijiste nada? —le pregunté, exaltada.

 Sofía en estos momentos ya estaba limpia, le convencí de que tomara un baño para desprenderse del lodo que la cubría y le presté ropa limpia. Por suerte ella siempre dejaba ropa interior en mi casa para cuando se quedara a dormir tuviera que ponerse. Luego se sentó de nuevo en el sofá. Al escucharme hablar toda alterada sólo me miró y sonrió.

—¿De qué te ríes? ¿Acaso crees que es lindo soñar todos los benditos días con un desconocido que te acosa y observa, al límite de creer que te estás volviendo loca? —grité cerca de su rostro tratando de provocar alguna reacción para borrarle esa estúpida sonrisa de su cara.

Pero fue en vano. Sofía seguía muy radiante a pesar de que ni ella misma podía creer que no hacía ni cuatro horas estaba asustada, cubierta de barro, al punto de darle un infarto por el terror que sintió.

—Relájate Angi, sólo deja que Amelia conteste su teléfono para que venga hasta tu apartamento. Así les explicaré a las dos lo que está ocurriendo —Sofía pasó una de sus manos por su cabello, relajada, sonriendo, como si nada de esto fuera relevante.

¡Para mí todo esto es importante!

—¿Qué me explicarás? —grité furiosa— ¿Ahora qué? ¿Me dirás que lo del sueño se hará realidad? Porque esa es la única explicación que quiero en estos precisos momentos. ¡Dime la verdad, ahora! ¿No me digas que lo que dijo esa mujer semanas atrás, pasará? —la miré con asombro— ¡Ah no! ¡No! ¡No! —exclamé al ver el rostro de Sofía, algo me decía que de eso se trataba.

Sofía miraba cabizbaja, ignorando mi ataque de ansiedad. Entonces seguí exigiéndole que hablara. De alguna manera le sacaría toda la verdad.

—¿Acaso me explicarás que del mismísimo cielo vendrá un Ángel y me amará? ¡Ah, no! ¡No! ¡Y mil veces no! Aún mejor, ¡vendrá un maldito demonio a reclamarme como suya sólo porque a la jodida vidente se le ocurrió! Porque déjame decirte que sueño con esas cosas desde que esa jodida loca nos dijo lo que nos dijo.

—¡No llames loca a mi tía! ¡Te lo exijo, Angi! —Sofía me miraba con cara de pocos amigos, era evidente su molestia por mi comentario.

Qué curioso. A Sofía se le borró su estúpida sonrisa. Hubiese querido tener una cámara para tomarle una foto a mi cara y guardarla en un álbum, como momento kodak, al escuchar lo que acababa de decir.

—¿Qué? Te mato Sofí ¿Qué coño acabas de decir?

—Sí, Angi. Ella es mi tía y te digo algo, es más, te prohíbo que te refieras a ella de esa forma.

—Escúchame bien Sofía ¡Tú y tu loca tía se pueden ir al diablo! ¡Explícame ahora mismo lo que está pasando, si no quieres que seas tú la próxima en bajar del cielo o subir del infierno cuando yo te vuelva a llamar, a invocar o lo que sea, y vuelva a matarte por lo que me acabas de decir!

Sofía en un ataque de risa me dijo:

—Cálmate Angi, te lo explicaré todo en su momento.

—¿Todo en su momento? —le respondí mientras llenaba mis pulmones de aire, audiblemente.

Todo en su momento repetí en mi mente. Pensándolo bien, ¿dónde están todos mis estudios y mi autocontrol? Necesito pensar de forma lógica antes de que esta perra de Sofí me vuelva loca.

—Perfecto, simplemente perfecto —contesté con tono tranquilo. Suspiré y me fui a despejar la mente en la cocina.

Unos minutos después, bueno creo que fueron unos minutos, aunque los sentí como una eternidad porque tenía demasiados pensamientos confusos, llamé a mi queridísima y mentirosa amiga. Ya tenía fuerzas para verla de nuevo a la cara sin querer golpearla.

—Sofía, hazme el favor de venir acá —grité para que me escuchara.

—¡Voy! —escuché su voz desde la sala.

—¿Sí? ¿Qué quieres Angi? —Sofía estaba delante de mí, pero se veía más seria.

—Sofí por favor, explícame todo sobre tu tía y por qué no nos contaste a Amelia y a mí que ella formaba parte de tu familia. Explícame por qué soñamos esas cosas. Claro, asumiendo que Amelia también tiene sueños raros y por otro lado explícame por qué tienes esa cara de tranquilidad después de lo que te acaba de pasar —a medida que hablaba noté que poco a poco subía el tono de voz, pero Dios sabía que intentaba estar serena.

—Angi, las cosas no son como parecen —Sofía estaba como ausente. De repente volvió a enfocar sus ojos en mí, un comportamiento común entre mis pacientes. Está condenada estaba inventando o pensando cómo decirme alguna verdad incómoda.

—Obviamente, sabía que esa vidente era mi tía acotando que oculté ese detalle por un juramento, y porque quería llevarlas a una situación de suspenso —aquí Sofía soltó una carcajada y le ignoré su burla.

Sí, claro —pensé— como si obviando eso me hubiese dado más tranquilidad. Recordé que cuando fuimos a casa de esa mujer no pude evitar sentir ansiedad. La casa era realmente oscura, fea, descuidada, parecía que nadie viviese allí. Lo poco que logré ver del jardín, si es que a eso se le puede llamar jardín, fueron demasiadas plantas muertas con maleza y animales caminando por ahí. ¡Ah!, y ni hablar del olor, olía a humo extraño, como azufre e inciensos juntos, como si el olor del azufre pudiese taparse o disimularse con un olor tan sabroso como el sándalo. Las paredes parecían no haber sido pintadas hace siglos. En fin, fui una estúpida por haber ido a ese lugar. Antes había pensado que las tres estábamos locas porque terminamos visitando a esa mujer en nuestro afán de encontrar novio y para que nos hablara de cómo sería el personaje, en caso de encontrarlo. Pero ahora estoy segura de que la única loca y desquiciada era Sofía.

—¡Ajá, Angineé! ¿Será que aterrizas en este mundo y me prestas un poco de atención? —Sofía me pasaba una de sus manos por la cara, simulando un parabrisas y claro, sonriendo como si acabara de recordar algo— ¡Hey, Angi! ¿Sabes qué acabo de recordar?

—¿Qué? —pregunté poniendo mis ojos en blanco y haciéndole mofa.

—¿Tú no tenías hoy una conferencia importantísima de psicología?

—¡Dios santo, con toda esta estupidez, lo olvidé por completo! Recuérdame triplicar mi odio hacia ti cuando todo esto acabe o por lo menos hasta después que termines de explicarme todo. ¡Es más, explícame de una buena vez antes de que termine sacándote de aquí a patadas!

—¡Ok! Angi. Te debo una disculpa. ¿Sí? Les mentí, pero fue por nuestro bien.

—¿Nuestro bien? ¿Y de cuándo acá tú sabes lo que es bueno o malo para mí? —el tono burlón fue evidente, puse mis ojos en blanco mientras que la halaba por el brazo para que camináramos a la sala y así poder sentarnos en el sofá. Una vez allí me dejé caer de golpe, muy cerca de ella, para poder golpearla si tenía la oportunidad.

—Desde hace tiempo sé que odias tu soledad; quieres a un hombre que esté locamente enamorado de ti. Desde entonces, digamos que sé mejor que nadie lo que es bueno para ti. O por lo menos sé lo qué quieres, sé lo que queremos las tres, porque tanto Amelia como nosotras queremos lo mismo: un hombre que nos valore y ame.

—¡Aja! Explícame entonces por qué entra en el juego tu tía vidente. Hasta donde recuerdo siempre hemos sido nosotras tres las que siempre resolvemos nuestros problemas.

—¿Recuerdas que jamás pasé con ustedes las vacaciones de verano?

—Si claro, cómo no recordarlo ¿Por qué mencionas eso? —fruncí el ceño, no entendía el cambio de conversación.

—Bueno, la verdad es que no estaba en España, a decir verdad, no conozco ese país porque siempre estuve en casa de mi tía.

—¿Qué? ¿Más mentiras Sofí? Falta que me digas ahora que no eres mujer, que eres un hombre y que amas con locura a Amelia y a mí y quieres formar un trío —el sarcasmo lo tenía a flor de piel.

—No exageres —Sofí sonriendo hizo una pausa, para que a los segundos continuara— Angi sólo fue para ocultarle a mi madre que estaba con mi tía, nadie en mi familia puede ni siquiera escuchar su nombre.

—Eso lo puedo entender perfectamente Sofí —el tono despectivo le daba apoyo a mi mala cara.

En ese instante Sofí se molestó y defendiendo a su pariente me explicó, altanera:

—Ella no está loca o al menos ahora sé que no lo está.

—¿Por qué dices eso con tanta seguridad? —ella se veía muy convencida de lo que acababa de decir.

—Bueno —soltó una pequeña risita—, ahí es donde entra mi bien elaborada explicación y te aclaro, no es que vaya a decirte más mentiras, la historia es un poco larga. Así que ten la mente abierta, porque lo vas a necesitar.

Kassfinol

Escritora de novelas románticas paranormales y libros de terror

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