Libro 1: Serie Invocación – Entre el Infierno y la tierra – Capítulo 18

Capítulo 18 (Lonhard)

—¿Qué mierda pasa? —dije molesto levantándome del suelo.

He caído como un estúpido muerto más de ocho veces. Algo debió de haberle pasado a Angi, ella es la mujer que menos duerme en una semana. No he podido encontrarla en sueños. Algo me dice que está en peligro. Lo importante de esto, es que, si yo estoy despierto en estos momentos, es porque ella también lo está.

Iré a su casa, veré si está allí. Necesito saber de ella. Comprobar que está bien.

Me desmaterialicé dentro del apartamento de Angi, dejé a un lado mis casi olvidadas buenas costumbres.

—Angineé. Angi. ¿Estás aquí? —llamé en voz alta, pero no recibí respuesta.

Debe ser que se está bañando —supuse. Caminé por el pasillo hacia el baño secundario para darme cuenta que no estaba allí. Toqué la puerta de su cuarto, tampoco recibí respuesta. Olfateé el lugar y me concentré a ver si escuchaba algo, pero nada. ¡El apartamento estaba completamente solo!

Mi mortificación empezó a aumentar.

—Revisaré si el auto está en el estacionamiento —me pasé una mano por mi mejilla, quería sentir la tensión de apretar mi rostro. Por alguna razón necesitaba saber de ella. Me sentía demasiado incómodo.

Me desmaterialicé hacia el estacionamiento y el automóvil no estaba por ningún lugar.

—¡Maldición! Ahora, ¿Qué haré? —me quejé en voz alta. Si pudiera sentir estuviera con mi corazón a millón y sudando. Pero en esta condición no podía sentir absolutamente nada, más que querer verla por conciencia y saber que estaba bien. ¿A dónde se habrá ido?

Me desmaterialicé a la sala de mi apartamento. Caminé hacia el cuarto sentándome sobre la cama.

—¿Qué haré? Ya han pasado casi veinticuatro horas desde la última vez que la vi, no sé nada de ella, el auto no está en el estacionamiento, tampoco tengo su número de celular para llamarla y poder saber de ella.

Tendré que esperar a que ella de nuevo se duerma, para así tratar de ver donde se encuentra y desmaterializarme hacia el lugar, necesito enterarme. Saber dónde está. Qué le ocurrió.

Me acosté y encendí el televisor. Sinceramente, era fuerte querer sentirse preocupado, pero no dar o sentir con la sensación… porque si Angi no estaba cerca de mí, yo era incapaz de sentir. A ese hijo de puta de Lucifer, no se le escapa nada.

Empecé a cambiar canales sin querer conseguir alguno en especial, de repente empezó a repicar el teléfono del apartamento.

¡Qué extraño! —pensé. Nadie había llamado a este teléfono desde que me mudé, es más ni yo mismo me acordaba del número, tampoco es que estaba muy familiarizado con ese tipo de tecnología.

Caminé hacia el teléfono y lo descolgué.

—Sí, diga.

En respuesta sólo me dijeron:

—Coloca el canal de noticias —la voz estaba distorsionada, la verdad sonó muy extraña. Inmediatamente colgaron el teléfono.

Bueno, que extraño, ni hola dijeron. Después dicen que soy yo el mal educado —pensé

Con el ceño fruncido caí en cuenta de algo, no me habían enviado a ver un canal infantil o de deportes, sino un canal de noticias. Ya había notado que jamás decían cosas buenas en esos jodidos canales. Caminé hacia la cama, agarré de nuevo control y sintonicé el canal. La persona que me llamó, se quiso asegurar de que yo viera una noticia en especial. Eso también me daba entender que algo malo pasaba. Sintonicé varios canales, pero nada relevante ocurría. De repente ahí estaba…

El carro que le regalé a Angi estaba todo quemado, carbonizado, a decir verdad, lo estaba arrastrando una grúa. En las noticias decía que había sido encontrado en lo profundo de un acantilado, entre las piedras del mismo.

Tuve un lapsus, sé que lo tuve, porque mi mente sólo repetía estas tres palabras: No puede ser.

Mi mente estaba desesperada, pero, mis reacciones y mi cuerpo estaban tranquilos. ¡Maldita rabia que tengo!

—Angi destruyó el auto. Ayer la condenada me estaba criticando que yo no sabía manejar. ¡Mira lo que hizo! —susurré— con razón ni me ha buscado, ni molestado, ni nada. Con qué cara va a mirarme después que destruyó tan hermoso automóvil.

Mis divagaciones terminaron cuando escuché a la reportera decir:

 “El aparatoso accidente ocurrió en horas de la tarde de ayer, el cuerpo de la psicóloga Angineé Hoffman fue encontrado sin vida en el interior, su cuerpo está siendo trasladado a la morgue de la ciudad, y el auto se ha declarado en pérdida total”

Apagué el televisor, creo que pasaron varias horas cuando me volví a mover. Esto era peor que el mismo infierno, me estaba muriendo, pero ni eso mismo podía sentir.

—Esto no puede estar ocurriéndome —murmuré, me levanté de la cama y golpeé con fuerza la pared de mi cuarto.

—Me lleva el diablo, no siento nada de dolor —grité.

Sin pensarlo me desmaterialicé al bosque. Grité como nunca, quería desmayarme en el acto. Grité hasta que me cansé de hacerlo. No sentía nada, no me dolió jamás la garganta, no se aturdieron mis oídos, no sentí opresión en mi pecho, no sentí ni una maldita sensación de malestar.

Cuando acepté que nada sentiría. Que nada pasaría volví a desmaterializarme a mi apartamento y me senté para pensar mejor.

Hay algo que no me cuadra, yo he caído como muerto varias veces como si Angi aún estuviese viva, así que sencillo, esa noticia no puede ser cierta. Lo lógico, es que, si ella está muerta, yo no sienta, bueno bien, ahí si no veo nada extraño pues en estos momentos no siento ninguna emoción ni dolor corporal, pero que caiga como muerto sin explicación alguna no es normal, estoy teniendo las mismas reacciones corporales como si ella aun estuviese viva. Todo esto debía ser una farsa.

A mí muy pocas personas antes de irme al infierno me engañaron y en el infierno solo fui engañado por Lucifer, algo me dice que él tiene las manos en esto. Por otro lado, está la demonio esa que he sentido tantas veces. ¡Sí, eso debe ser! Uno de ellos dos debe estar implicado, y como no puedo bajar al infierno entonces buscaré a la que desató todo esto.

—Iré hacia la horrible casa de Alondra.

Sí, seguro ella me podrá conseguir a esa demonio. Alondra podrá conseguir el ancla que la trajo a tierra o simplemente me podrá conseguir a Angi.

Caminando hacia el baño dije en voz alta tentando a Lucifer, él siempre escucha, siempre está ahí para cuando tú lo llamas o provocas.

—Nadie jamás ha sido lo suficientemente inteligente para joderme la existencia; y ni tú, ni esa demonio serán los primeros. Tarde o temprano siempre salgo ganando.

(Nada pasó)

—¡Maldito desterrado! —grité metiéndome al baño. Lo necesitaba, pues tenía casi un día sin poder bañarme, pues tantas caídas como muerto no ayudaban a que lo hiciera.

Una vez limpio y vestido me desmaterialicé en frente de la casa de Alondra, toqué la puerta, pero nadie salió, tampoco contestaron. Al ver que no obtuve respuesta me desmaterialicé dentro de la casa. En la sala, que era el único lugar que conocía, todo el lugar estaba a oscuras y en completo silencio.

Mierda, aquí tampoco hay nadie.

Grité varias veces el nombre de Alondra y tampoco recibí respuesta. A los segundos entró corriendo a la habitación la amiga de Angi. No recordaba su nombre, ella estaba roja como si hubiese llorado muchísimo. Hice caso omiso cuando empezó a hablar diciéndome con muy mala cara:

 —¡Mira es que acaso no tienes modales! Por lo que puedo ver eres un hombre inmortal, pero no por eso tienes permiso para entrar a las casas sin invitación. ¿Acaso no eres un tipo de vampirito? Debes saber sobre el cuento de que sin invitación no entran —la chica tenía mala cara, pero soltaba sonrisas falsas mientras hablaba supongo que estaba disimulando.

—Lo siento —contesté sumiso—, sólo estoy preocupado. ¿Sabes que no puedo sentir sin que Angi esté cerca de mí en cierto rango de espacio? He venido porque ¡Necesito respuestas!

—A ver, a ver… dime algo, grandote. ¿Qué problema puede tener un hombre tan bello como tú? ¿Acaso se te acabó el polvo facial o se te terminó el jabón de baño? Ah, No, no, se te ha perdido el rímel; puedo prestarte el mío si tienes tanto apuro —esto me lo dijo de forma déspota, movía sus manos y cada vez su cara tomaba un tono rojo más visible. Claro, con esa cara me provocaba reírme.

Las mujeres molestas son graciosas —pensé.

—Ya sé de dónde sacó Angi toda esa pedantería y arrogancia.

Ella sólo puso los ojos en blanco, se cruzó de brazos entonces terminé diciéndole:

—No niña, nada de eso; el problema que tengo es que no sé nada de Angi, desde que salimos ayer de aquí, vine a ver si tú sabías algo de ella o si tu tía con todo su poder podría localizarla; además, estoy preocupado pensando que Angi ha sido raptada por una demonio. Esta la he sentido cuando he estado con Angineé, pero que no he logrado ver.

—¿Ah, sí? —alargó la palabra de modo sarcástico— ¡No me digas! ¿Qué acaso no eres soltero? Desgraciado, eres como todos: andas con una y con otra. Te juro que te arrancaré los cuernos si a mí Angi le pasa algo, pedazo de gigoló.

—¿Oye que significa eso? Sé que vengo del infierno, pero tampoco es que me sepa todas las malas palabras del mundo —sabía que era un insulto. Su cara lo daba a entender.

—¡Nada, grandísimo inocente de la eternidad! ¡Vienes del puto infierno y no conoces las malas palabras! Eres increíble —esto a pesar de que no era una mala palabra lo hizo ver como un insulto, estaba seguro, pero no seguiría provocando su molestia, entonces decidí decirle:

—Disculpa. ¿Cómo es tu nombre? —luego que mencioné las palabras, ¡mierda! Presentí que ella me golpearía.

—¡Sofía! —gritó— ¡Sofía! —En esta alargó la palabra colocando sus ojos en blanco —mira, Lonhard, ¿acaso el nombre es muy largo para tu pequeño cerebro? —siguió gritando.

—Hey niña. ¿Por qué tu agresividad? Desde que llegué sólo me has tratado mal y con insultos que no conozco —alcé las manos en protesta.

Sofía suspiró, apretó con fuerza su mandíbula con muy mala cara agregó:

 —Porque vi la noticia en la televisión. Porque vi destruido el automóvil donde ustedes se fueron ayer. Porque escuché la puta noticia y casi me da un infarto del susto. Por eso te trato como te trato. Tranquilo, Angi, aún está viva. Bueno, más o menos viva. Tía la localizó. Pero cayó desmayada por toda la magia que utilizó, unos segundos antes de que tú llegaras.

Mis pensamientos se relajaron un poco al escucharla hablar.

—Además, por otro lado, sí estoy bien molesta contigo porque te dije perfectamente antes de salir de casa que la cuidaras y vez. ¡No lo hiciste! ¡Ahí está el resultado! Una puta demonio la tiene y sabrá Dios que le hará o que le hizo por tu andar con doble jueguito.

—Pues hasta donde yo sé y escuché, se lo dijiste fue a Angi no a mí —inmediatamente después de decirlo me arrepentí, pues no es de hombres librarse de culpas y echársela a los demás, además, Angi estaba conmigo. En ese momento era mi responsabilidad.

Pero antes de que empezara a decirle que ella tenía razón. Sofía me interrumpió diciéndome:

—¡Eres bien estúpido! Ahora entiendo porque es que Angi aún no termina de aceptarte, ya entiendo porque no se decide a quedarse contigo.

Me sentí ofendido por sus palabras; la realidad es que era la primera vez que pasaba por todo esto y ni sabía cómo actuar. Había dicho algo estúpido lo sé, pero sus palabras me afectaron; no pude defenderme, ni decirle palabra alguna, porque ella siguió hablando:

—Te explico… maravilla de hombre. Tú eres el novio destinado a Angi. Te sacaron del mismo infierno para vivir con ella y por ella. Porque déjame decirte que si no es por el deseo de tener novio de Angi y los juicios que movió tu hermana en el cielo. Tú… ¡grandísimo idiota! ¡No estarías aquí! Con todo y eso tienes los cojones de decirme en mi cara, que prácticamente lo que le pasó a Angi no es responsabilidad tuya. Definitivamente, no tienes cerebro. ¿Acaso no te das cuenta que de verdad la quieres? Mírate, por Dios si no la quisieras no estarías aquí. Si no la quisieras, no la hubieses abrazado como la abrazaste ayer aquí en la casa. También me fijé como la mirabas, vi como en el frente de la casa le tocaste el cabello y fuiste cariñoso con ella —Aquí Sofía sonrió y se pasó la mano por el cabello. Por mi parte razonaba todo lo que decía—, soy un poco averiguadora espero que eso no te moleste —sonrió aquí aún más y pestañeó varias veces, debo admitir que la condenada era muy coqueta.

Pero antes de que pudiera decir algo ella me hizo seña con su mano para que guardara silencio. Entonces siguió:

 —En conclusión, para mí ¡la amas! El problema es que eres muy idiota para aceptarlo —Sofía me tocó con un dedo a la altura del pecho y con mala cara.

Definitivamente debo hablar —pensé, luego carraspeé dispuesto a hablar.

 —Tienes razón, si siento algo por ella, pero debes entender que teniéndola lejos no puedo demostrar ningún sentimiento. ¿O acaso no estás enterada que no puedo sentir si no estoy a su lado? La verdad, es que estoy desesperado por encontrarla, por saber de ella, pero por fuera parezco tranquilo y eso hasta a mí me desespera. Esto es un infierno para mí.

—¡Ah! Es verdad, tienes razón. Olvidé que no podías sentir si no la tenías cerca; de eso me entere por Alondra, ahora entiendo el por qué tu cara de tranquilidad, cuando por tu boca salían cosas que sin ayuda de las reacciones corporales se veían como extrañas —la muy condenada soltó una carcajada.

¡Cómo se atreve a burlarse de mí! —pensé, pero me gustó que me entendiera.

—Te juro que, si aquí estuviera Angi, o si no sufriera de esta maldición de no sentir, estaría muy mortificado por mi Angi. Creo que ya habría destruido mi apartamento envuelto en mis emociones.

—¡Oh! sí. ¿Ves que si la quieres? ¡La amas! ¡Excelente! Es obvio, si no te importara y con esa maldición como tú la llamas de no sentir pues aquí no estarías. ¡Ves! ¡Ves! Jamás me equivoco —Sofía sonreía, bailando y brincando por toda sala.

Esta mujer está un poco loca. Es bastante infantil la condenada.

De repente se detuvo, quitó la sonrisa, acercándose a mí.

—¿Qué mierda me pasa? Debería estar pensando primero en Angi —dijo en voz alta, cayendo en cuenta en la realidad de la situación, porque a decir verdad su anterior actitud era infantil. Aunque en otras circunstancias me hubiese divertido o agradado así fuese mentalmente.

—Mira Lonhard, pronto tendrás por qué preocuparte. Ya sé dónde está Angi. Ella está casi muerta en casa de Amelia, una amiga en común que aún no conoces. Supongo que tu demonio la llevó ahí; la verdad no entiendo el por qué o cómo sabe la dirección de Amelia. El plan es ir juntos; yo te llevaré, pero por favor no dejes que esa demonio loca la mate, porque si no te juro por Dios que te asesinaré. Es más: júrame que no dejarás que ella muera.

—Te lo juro —respondí sin pensarlo. No estaba dispuesto a perderla, a decir verdad.

—Bueno, vamos de una vez —dijo Sofía con algo de entusiasmo.

Recordé que Alondra supuestamente se acababa de desmayar, supongo que necesitaba de sus cuidados.

—¿Qué pasará con Alondra? ¿La dejarás, así como está? —pregunté.

—Esta acostada en su habitación, tampoco es que este pasando por mucho, además, antes hacía sus brujerías sin mí. Así que no veo el problema de dejarla en su estado.

—Eres algo insensible por lo que puedo ver.

—¡No, Lonhard! Simplemente soy realista. Tampoco me gusta perder el tiempo.

—Entiendo, entonces, vámonos. ¿Cómo nos iremos? ¿Tienes automóvil?

—Si claro. Mi bebé está en el garaje.

Asentí dándole la espalda para buscar la puerta principal. Salimos rápidamente hacia el vehículo que estaba en el garaje de la casa, no quise abrazarla y desmaterializarme hacia el auto porque no la conocía bien. Además, no soy tan atrevido como parezco.

Al llegar al garaje noté que tenía un automóvil rojo. Realmente hermoso.

—¿Qué auto es? —le pregunté, no estaba muy familiarizado con los nombres, pero de algo estaba seguro era bastante costoso.

—Un mustang shelby 2010. ¿Verdad que es hermoso? Pero es aún más bello cuando estoy adentro sentada en esos asientos de cuero.

Entrecerré mis ojos. El comentario estaba fuera de lugar. Pero me mostraba que tenía una autoestima demasiado alta. Casi llegando a una grandísima soberbia. Preferí cerrar la boca.

Nos montamos en el auto. Preferí que Sofía manejara; tampoco quería hacerlo, a decir verdad, al sentarme le dije:

 —¡Qué mierda es no saber adónde voy o no conocer el sitio, si no ya estaríamos en esa casa! —le dije a Sofía en mal tono sinceramente no soportaba la situación.

—¡Sí! —dijo lentamente Sofía —tienes razón, ya puedo ver las ventajas que tiene desmaterializarse, llegaríamos más rápido y no sacaríamos a mi bebé, la verdad es que me estresa el simple hecho de que alguien pueda dañarle la pintura a mi precioso bebé.

Definitivamente esta mujer era algo ególatra. Pero, es más soportable que sea así a que sea una mujer insegura. No hice comentario alguno, tampoco la ayudaría a alimentar su ego. Así que le pregunté:

—¿Tienes por casualidad una foto del lugar? Eso ayudaría a llegar rápidamente. ¿Tienes alguna foto de la casa por fuera? Si me das una del lado de adentro terminaríamos dentro de cualquier casa que se le pareciera y tampoco es que quiero perder el tiempo, digamos que es desventajoso cuando se quiere desmaterializar a ciegas.

—¿Quieres la verdad o una mentira? —preguntó Sofía.

—Por favor no estoy de humor Sofía, sólo responde la pregunta.

—¡Bien, aguafiestas! Disculpa, la verdad necesito distraerme, respondiendo a tu pregunta: Sí, tengo foto del jardín y partes de afuera de la casa, pero por alguna razón que desconozco sólo tengo fotos que me he tomado dentro de la casa, las que me tomé en el jardín o por los fondos de la casa han desaparecido.

—Entiendo —le dije asintiendo con la cabeza.

Esa desgraciada demonio conociendo los pros y los contras de desmaterializarse debió haber estado en casa de Sofía, así como estuvo también en la casa de Angi, y debió haber robado todo indicio que me ayudara a desmaterializarme en el exterior del lugar, dejando sólo fotos para que me desmaterializara por dentro, en todo caso, no lo haría, pues perdería mi tiempo cayendo en un lugar diferente. Sería además demasiado riesgoso.

Me fijé en el camino para darme cuenta que ya estábamos saliendo del bosque.

Por otro lado, el que esa demonio conozca la dirección de las tres no es una simple casualidad, esto me huele a que fue Lucifer fue quien la mandó, él y sólo él debió haberle dicho algo tan especifico. Ese desgraciado lo vuelvo a tener en frente y juro que le arrancaré un cuerno.

—¡Hola! —dijo Sofía pasando una de sus manos por el frente de mi rostro— ¡Hey! Despierta, Lonhard. Ya veo porque el destino te eligió a Angi como novia, ambos piensan y divagan tanto que se vuelven como estatuas de piedra —Sofía terminó soltando una carcajada.

Esta mujer es insoportable, no deja de burlarse de mí a cada rato.

—¿Por qué te ríes? —le pregunté con mala cara. Si pudiera sentir, estaría muy mortificado. Aquí está ella, la condenada, muy sonriente y aún tiene ganas de burlarse de mí.

—Estoy nerviosa, grandote, así somos las mujeres, actuamos extraño, es más, acostúmbrate porque Angi no es fácil.

Escuchar eso me hizo gracia. La verdad es que a estas alturas me había dado cuenta de que Angi era bastante difícil, además, muy terca para su condición física. Es una humana y se atrevió a encarar a un demonio. Por otro lado, al parecer Sofía estaba más segura que yo, de que me quedaría con ella.

—¿Por qué piensas eso? —le pregunté. ¡Mierda! esta mujer maneja como loca, se ha pasado tres semáforos en rojo y casi provoca un accidente.

—No pienses que estoy loca. La verdad confió en ti, sé que no dejarás ir a alguien como Angi. Tía me dijo que eras un buen hombre antes de morir, que hiciste obras buenas, ayudaste mucho a tus vecinos a pesar de que moriste joven, que eras trabajador, que amabas a tu familia, además, creo que Angi por otro lado no te dejará tan fácilmente. Porque ¡por Dios! Eres demasiado bello, tanto, que duele verte.

Escuchar eso provocó que soltara una carcajada Sofía se me unió.

Definitivamente ya sé porque Angi es como es, juntarse con esta mujer cambiaría a cualquiera.

De repente Sofía pareció caer en cuenta de algo, murmuró:

 —Si tú no puedes sentir estando lejos de Angi, ¿por qué hay cosas que te causan risa y te ríes? —la pregunta me dejó pensativo, pues tenía razón. Pero rápidamente me llegó la respuesta a la cabeza.

—Puede que sonría, suelte una carcajada o algo me dé impotencia, como lo que está pasando, o hasta ponga mala cara porque algo me enoje, pero en realidad no lo siento. Hago la acción, pero no la disfruto. Cerca de Angineé las sensaciones se disparan, siento tanto hasta el punto de que me duelen mis pulmones al respirar. Es extraño, pero parezco un muerto en vida sin Angi.

—¡Ah, entiendo! Disculpa mi intromisión es sólo que analizo mucho. Además, soy demasiado curiosa.

—¡Sí, ya eso lo noté!

—Ya casi llegamos. ¿Cuál es el plan? —me preguntó Sofía muy sonriente.

Definitivamente no entiendo a las mujeres ni quiero ya entenderlas. Sofía anda de lo más sonriente mientras su mejor amiga está casi muriendo, cosa que ella misma me dijo. Increíble —pensé.

—¿De qué plan hablas niña? Tú te quedarás en el auto, ese es el único plan, yo entraré solo a la casa y rescataré a Angi —mis palabras fueron serias y me enfoqué en mirarla a los ojos.

—¿Qué mierda? ¿Acaso crees que me quedaré aquí? ¿Cuándo esa demonio ha intentado matar a mi mejor amiga? ¡A mi hermana! ¿Cuándo la muy perra casi me mata del susto pensando que Angi había muerto en ese acantilado? No, no, y mil veces no, yo me bajo de este auto y al menos un golpe en la boca se llevará esa perra de mí —Sofía dijo lo último muy entusiasmada.

Me quedé en silencio meditando lo que había dicho, la verdad era que tenía razón en querer golpearla porque lo que nos había hecho pasar no había sido agradable. Pero ya por su simple condición de demonia; y que Sofia, fuera una humana, hacia la situación muy peligrosa —pensé— Sofía interrumpió mis pensamientos diciéndome:

—Aunque pensándolo bien… Tú me la agarras que yo la golpeo —me guiñó el ojo, luego siguió diciéndome—. Es una demonio, podría matarme en un segundo si ese es su deseo y como verás este caramelito tropical —en eso paso su mano por toda su cintura—, no puede morir tan joven, sería una gran pérdida para el mundo.

Al menos la niña tiene cerebro, tiene claro el problema al que se enfrenta.

—Entiendo muy bien tu punto Sofía. Mira lo que haremos: vamos a dejar el auto a una cuadra de la casa de tu otra amiga, para que la demonio no logre vernos. Pídele a alguien en quien creas de allá arriba, que no esté transformada, si no, nos detectará a kilómetros.

Sofía asintió sin decir una sola palabra, estaba muy atenta a lo que le decía.

—Te sigo explicando, yo me cortaré los cuernos para que ella no pueda sentirme, esperemos que lo que yo vea no sea muy grave porque sino el dolor de cortarlos será en vano porque crecerán muy rápido; y eso provocará que la demonio, así no esté transformada, me consiga.

Hice una pausa, pensando mejor las cosas, para poder explicarle lo mejor posible.

—Otro punto: sin mis cuernos no podré sentirla, pero soy fuerte, aun podré desmaterializarme; la mataré rápidamente, lo que tú debes hacer es entrar detrás de mí, localizar a Angi y sacarla lo más rápido posible de ese lugar; tomar el auto y llevarla a algún lugar donde la puedan atender de emergencia, ya luego yo llegaré hacia donde tú estés. ¿Me expliqué?

—Sí, te entiendo. Por favor córtate los cuernos lejos de mí, no quiero estar ahí cuando te los estés quitando —Sofía puso cara de asco.

—Ay ¡Por favor! Sofía, sólo siento dolor, no botaré culebras o bichos por ahí.

—¿Dolor? Sientes dolor al córtalos, pero y entonces, ¿No es que no sientes sin Angi?

Mierda en eso tampoco había pensado.

—A ti no se te escapa nada Sofía. Digamos que hasta este momento no había notado eso en especial. Ya me llegará el momento de preguntárselo a Lucifer o buscar la respuesta a eso. Supongo que atentar contra mí sí me causa dolor. Más si es contra mi naturaleza pues un automóvil me arrolló unas semanas atrás y no sentí absolutamente nada.

Sofía soltó una carcajada.

—No te han dicho que hay que mirar a los lados para cruzar la calle —me respondió en tono burlón.

—¿Será que no hay manera de que seas seria, niña?

—Entre más te conozco más te pareces a Angi. Amargadísimo como ella. Retomando el tema, gracias a Dios que no te saldrán ni bichos, ni culebras de esos cuernos. Cito tus palabras textuales señor Amargado.

Esta mujer cae mal de verdad. Pero tiene buen sentido del humor.

—Hey, por cierto, ¿puedo proponerte algo? —preguntó Sofía. Y que los demonios me ayuden, a la condenada le brillaban los ojos. Eso es anticipación… ¿Solo Lucifer sabría lo que me iba a preguntar?

—Sí, dime, pero cambia esa cara niña. ¡Alumbras demasiado! Haces que me duelan los ojos —le dije en tono burlón imitando su negro sentido del humor.

—¿Podrías decir la palabra Dios? —aquí sonrió con una malicia que estaría seguro que hasta el más cruel de los demonios le habría dado miedo.

Sinceramente a esta mujer le encantaba meterse donde no la llamaban, por lo visto le gustaban los problemas. Hasta donde sabía las mujeres humanas, a pesar de que habían salido de su casa a trabajar y ser independientes seguían siendo igual de miedosas que en mis tiempos. Resulta que a esta le encanta el peligro. Es extraño… en verdad que sí.

—Ay, Sofía. ¡Por favor! No entiendes que moriría de un fuerte dolor si digo esa palabra prohibida, no puedo complacerte niña.

—¡Noooo! En serio, por favor confía en mí. Dale, dale, dale, nada te pasará. Tía me dijo que ya lo podías decir, que nada te pasaría, yo le creo, tú también deberías creerle —aquí la muy condenada me hacía pucheros.

¡Qué me jodan se veía bonita!

—¡No lo haré! Además, en brujas no confió, son traicioneras —Sofía suspiró y escuché un—, está bien —entre dientes.

Esa palabra sólo lo diría si Angi me lo pidiera.

Cruzamos en una calle, y no se me hizo muy difícil notar que el vecindario era de lujo, muy bonito, las casas eran espaciosas, con automóviles impresionantes en los garajes y estacionados en la calle, y unos jardines que provocaba quedarse de pie contemplándolos… la otra amiga de Angi debía de tener dinero, mucho dinero.

—¡Listo! Aquí estamos, a una cuadra de la casa de Amelia como me pediste —me dijo Sofía, de repente miré su cara para darme cuenta que tenía sus ojos rojos. En eso se pasó la mano por los ojos y noté unas lágrimas. Ella se dio cuenta de que la miraba entonces me dijo—. Me juraste que no dejarías que muriera. Solamente cúmpleme —Sofía suspiró con fuerza y más lágrimas comenzaron a salir, pero rápidamente ella las limpió de su rostro.

Mierda si pudiera sentir me dolería el pecho, jamás me había gustado ver a una mujer sufrir. No sé porque pensaba como cuando era un hombre normal; siendo un demonio jamás me importó como se sentían los demás. Esto me confundía, supongo que debía empezar a creer que de verdad sólo era un humano inmortal, al que de alguna manera le habían regresado su alma nuevamente.

A pesar de la aflicción que quería sentir por ver a Sofía en ese estado le dije sonriendo:

—Ahora te toca confiar en mí, niña. ¡Esa demonia se va arrepentir de habernos incluido en su mal hecho juego!

Kassfinol

Escritora de novelas románticas paranormales y libros de terror

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